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Cortesía de Norda la Kéndera

sábado, 26 de enero de 2013

Los consejos para escritores de Trudi Canavan (II)

Fuente:

http://ellegadodelmagonegro.com/los-consejos-para-escritores-de-trudi-canavan-ii/

Información:


Los consejos para escritores 

de Trudi Canavan (II)

Como os prometimos en nuestra anterior entrada, aquí tenéis la segunda parte de los consejos de escritura de Trudi Canavan. Están disponibles para todo el mundo en su página web (aquí), pero creemos que pueden resultar interesantes para sus lectores en español. La primera parte se centraba en el proceso de escritura en sí; en esta segunda, Trudi nos habla de mejorar el estilo, pulir el primer manuscrito y sacar provecho a las críticas. Dejaremos para una tercera entrada el proceso de agentes y editoriales. ¡Esperamos que os guste!
El Gran Lord
He terminado el último capítulo. ¿Ya puedo mandar el libro a una editorial?
No. El primer borrador representa solo la mitad del trabajo. A tu manuscrito aún le falta un largo proceso de pulido, reescritura, pulido, reescritura y más pulido.

Es importante poner tu texto en tan buenas condiciones como sea posible antes de entregárselo a un servicio de valoración de manuscritos, un agente o un editor. No te interesa invertir en un servicio de pago para tu primer borrador, y no podrás seguir enviando versiones y más versiones a agentes y editores, por mucho que insistas en que has mejorado el libro.
¿Cómo puedo perfeccionar mis escritos?
Apúntate a un curso de escritura. Apúntate a un curso de gramática. No, el trabajo de un editor no consiste en corregir tus textos. Si les dan a elegir entre un buen manuscrito con fallos gramaticales y otro casi perfecto, se quedarán siempre con el que está casi perfecto.

Convence a gente para que lea tu obra. Empieza con los conocidos: amigos y familia. Acepta que muchos a quienes se lo propongas no tendrán tiempo o ganas, y que algunos de quienes sí lean tu manuscrito no serán capaces de hacer una crítica constructiva. No pierdas de vista que con este proceso pones a prueba a tus lectores tanto como a tu propio texto. Cuando encuentres buenos lectores, atesóralos.
Puedes unirte a algún grupo de escritores cuyos miembros lean y critiquen la obra de los demás. Los hay que celebran reuniones cara a cara y los que funcionan mediante internet. Internet acaba con los problemas de distancia y agenda, y además ofrece mayores probabilidades de encontrar un grupo dedicado al género que te interesa.
Y puedes hacer que un profesional valore tu manuscrito. Tal vez tu centro local de escritores tenga un servicio para ello, pero, si no es el caso, deberían poder dirigirte a un editor que lo ofrezca. A veces las editoriales tienen servicios de valoración favoritos o recomendados. Comprueba sus páginas web o llámales para averiguarlo.
¿Cómo saco buen provecho de las críticas?
Resístete al impulso de dar explicaciones a tus lectores. Si un lector malinterpreta algún aspecto de tu obra maestra, es porque el texto no era suficientemente comprensible. En lugar de explicárselo a ellos, escribe lo que les dirías, y así recordarás volver a esa parte del escrito y rehacerla para que no vuelva a darse el malentendido (por supuesto, a menos que ese malentendido sea deliberado).

No te tranquilices si un lector te dice: «No lo he entendido, pero es que yo nunca leo cosas de este estilo». Con una prosa buena y clara, cualquier género o estilo es accesible.
Yo sigo esta regla: «El 90% está bien, el 10% es descartable». A veces, tus lectores harán comentarios que serán incorrectos, sin más. En mi caso, un lector se quejó de que los magos eran demasiado poderosos en el primer capítulo de El gremio de los magos, cuando, en contexto, no estaban haciendo nada del otro mundo. Esos casos suelen ser cuestión de gusto. La mayoría de las veces, tus lectores tendrán razón cuando digan que algo está mal, pero en ocasiones entienden mal por qué está mal. Cuanta más gente te hable de tus textos, más fácil es averiguar dónde hay problemas. Si algo que has escrito no gusta a casi ninguno, es un problema. Si están divididos más o menos a partes iguales entre dos puntos de vista opuestos, tal vez sea cuestión de gusto.
¿Leerías mi manuscrito?
No. Simplemente, no tengo tiempo. Ya no puedo ni responder al correo de los lectores, aunque sí lo leo. Antes leía un libro a la semana; ahora, con suerte, diez al año. En esta vida marcada por las fechas de entrega, he aprendido que reservar tiempo libre para relajarme, hacer ejercicio y explorar otros intereses creativos (que, de todos modos, suelen acabar en mis libros) es algo esencial para mi cordura y mi salud.

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